Acaba de cerrar sus puertas la que era y aún es la panadería más antigua de Medina Sidonia.
Después de casi dos siglos amasando panes que se convirtieron en auténtica religión, dando fama ‘mundial’ a este bello pueblo de la provincia de Cádiz, Panadería Paquirri ha dicho ¡hasta siempre! Despedida que, para quienes amamos lo singular de nuestra provincia, va más allá de la pérdida de un negocio, de una panadería. Es el adiós a una parte muy importante de la historia de los asidonenses y de su exquisita mano para la elaboración de panes que rozan el cielo.
Y es que, tal y como aún reza en el azulejo que se encuentra en la fachada de su establecimiento de la céntrica Plaza de España, sus orígenes se remontan a mediados del siglo XIX (1852); época en la que en su horno comenzaron a elaborarse, a mimarse, esos panes de campo/moreno que se convirtieron en grandes aliados de los asidonenses en tiempos en blanco y negro, de necesidad, y, ahora, en apreciado bocado para los amantes de la buena cocina, del exquisito producto artesanal.

“El pan, sobre todo, quiere tiempo”, nos comentaba en nuestra última visita Francisco Astorga, digno sucesor de esas fórmulas maestras que heredó de su padre, abuelo y bisabuelo y que, a lo largo de décadas y décadas, han alimentado a tantas y tantas generaciones de asidonenses.
Panes de corteza recia y tonos ahumados, con una miga tan esponjosa como sabrosa, ‘alimentados’ de la mejor materia prima. Masa madre, agua, sal y harina de molino de gran calidad para dar vida a un producto natural, amasado y horneado con pasión, conocimiento y mucho mimo.
Panes que fueron fundamentales en esas duras jornadas de trabajo en el campo y protagonistas de platos tan gaditanos como la exquisita sopa de tomate.
“Nosotros», nos decía, «lo que hacemos es recentar la masa madre, reavivarla. Un proceso que lleva su tiempo y que marca la
diferencia entre nuestros panes y esos que se elaboran de forma totalmente industrial”.
“Hablamos de elaboraciones más largas, más esforzadas y, obviamente, con una producción mucho más reducida,
a las que por nada vamos a renunciar. Es una forma de entender la panadería que es nuestra gran seña de identidad”.

Excelencia artesanal que Panadería Paquirri también reflejaba en sus tradicionales molletes, exquisitos picos y en su repostería, ligada a los roscos de de vino, masas de pestiños, además de dulces como napolitanas, ensaimadas y
croissants.
De lo que no cabe la menor duda es que, con el cierre de Panadería Paquirri, se pone punto y final a una forma muy singular de entender la elaboración del principal de nuestros bocados.
Será raro llegar a la emblemática Plaza de España y ver cerradas las puertas de una panadería que, eso sí, permanecerá viva en la memoria de los asidonenses y de los amantes de los buenos productos artesanales por siempre.
Por nuestra parte, gracias por tanto.
