Lomo en manteca, aceite de la Sierra de Cádiz, Tortillita de camarones, papas con choco, papas aliñás, pescaíto frito, Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, atún rojo de almadraba, La Caleta, La Barrosa, Sancti Petri, Baelo Claudia, Los Lances, Rancapino, Camarón, esteros, faros de Punta Carnero y Chipiona, Castillo de Guzmán El Bueno, quesos de la Sierra y Parque Natural de la Sierra de Grazalema son algunos de los innumerables iconos que dan vida a la provincia de Cádiz.
Todos, salvo que alguien piense lo contrario, sinónimos de placer y, por tanto, motivos más que suficientes para visitar el que, para nosotros, es uno de los territorios más bonitos del mundo.
Pero, para qué negarlo, la provincia de Cádiz, sobre todo la costa de Cádiz , también hace gala de iconos menos amables, sobre todo para quienes la visitan durante los días de verano con la intención de disfrutar de unas relajadas jornadas de playa.
Hablamos, ¡claro está!, del viento de levante, que, cuando dice ¡aquí estoy yo!, tira por tierra todos los planes; excepto, eso sí, los de quienes son amantes de deportes como el kitesurf o el windsurf.
Pero, ¿dónde se origina el viento de levante? Su origen hay que buscarlo en el Mediterráneo, en su zona central, intensificándose de forma notable a su por el Estrecho de Gibraltar. De hecho, puede alcanzar los 50 kilómetros/hora de forma sostenida, con rachas que pueden ir más allá los 100 km/hora.
Aunque es en verano cuando hace ‘más enemigos’, es en los meses de mayo y octubre cuando alcanza su mayor intensidad y de forma más continua (3 ó 4 días de media), soplando en torno a 160 días de media al año.
Si bien no es visto con buenos ojos por la gran mayoría, en su favor hay que decir que hace de nuestro litoral un excelente campo de regatas y, además, es ‘responsable’ de que la costa de Cádiz no haya sufrido un desarrollo urbanístico tan voraz al de otras zonas del litoral español.
El levante, además, tiene su capital, la bella localidad de Tarifa, en la que sigue modelando zonas tan espectaculares como la playa de Los Lances y la duna de Bolonia, declarada monumento natural.
Ahora te toca a ti decir si lo amas o, por el contrario, lo odias.
